Clínico. Mari Carmen Cabra de Luna, una de las voluntarias de la ONG malagueña. javier albiñana La Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer ofrece los servicios de sus voluntarios para aliviar la situación de pacientes y familiares
ALFONSO VÁZQUEZ. MÁLAGA
Durante tres horas a la semana, todos los lunes, Mari Carmen Cabra de Luna se convierte en voluntaria de la Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer. Ataviada con una bata blanca, con el logotipo de la ONG malagueña, su tarea consiste en charlar con los enfermos de cáncer y sus familiares, para lograr que desconecten de la enfermedad.
“Yo no había participado nunca en nada así, pero hace un año, cuando me dieron la invalidez en el trabajo, pensé que sería una cosa muy bonita hacer algo por los demás”.
La experiencia ha sido un éxito. “Me encantaría animar a la gente a que se apuntara a la fundación porque recibes mucho más de lo que das”, confiesa.
Experiencia. Mari Carmen y 25 voluntarios más se dividen el trabajo, a lo largo de la semana, entre los enfermos que se encuentran en planta y el hospital de día (los pacientes que acuden a recibir tratamientos como la quimioterapia). “La gente te agradece muchísimo el que vayas un rato y hables con ellos, porque consiguen desintoxicarse del problema que tienen encima”.
La voluntaria malagueña cree que estos pequeños gestos ayudan al enfermo y a su familia. “A veces se trata solamente de charlar para que el familiar pueda salir a tomar un café o incluso hacer cualquier encargo, como cuando te piden que bajes a cargar el móvil”.
La compañía y el afecto hacen mucho en un ambiente en que todos los problemas de la vida quedan en un segundo plano. “El problema es la vida en sí”, reconoce.
La experiencia de este año le ha servido, de paso, para contemplar grandes ejemplos de superación, como el de una chica afectada por un cáncer de colon y muy negras perspectivas de curación.
“El médico le dijo que estaba muy mal pero ella se dijo, `de esta salgo yo´ y hoy está en la calle, le han aplicado la quimioterapia y ha mejorado bastante, con muchas ganas de vivir porque no ha tirado la toalla”.
Ahí ve esta voluntaria la clave para luchar contra la enfermedad: las ganas de vivir. “El que tengas una buena disposición es fundamental, eso ayuda mucho”, reconoce.
Mari Carmen Cabra de Luna comenta cómo esta práctica de voluntarios que ayudan a enfermos de cáncer y familiares está muy extendida en Inglaterra. “Aquí sin embargo no, cuando hace mucha falta”, destaca, y pone como ejemplo los muchos enfermos de cáncer que sienten necesidad, “de hablar con alguien que no sea del núcleo de la familia, para poder apartarse un poco de la enfermedad”.
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